Monday, January 16, 2012

Quo vado?


Al ser una persona práctica, es decir, a menos que esté motivada intrínsecamente para aprender algo, necesito saber para qué servirá eso que debo aprender, creo que por “defecto profesional”, intento enseñar de una forma comunicativa para que mis alumnos puedan utilizar lo aprendido fuera del aula y les sirva para la vida. Planteo mis clases como un trampolín o un andamiaje, como lo llamaría Vigotsky, para que los alumnos tengan las herramientas necesarias para desenvolverse como pez en el agua. Al empezar cada unidad y cada clase, me gusta explicar (incluso apunto en una esquina de la pizarra) lo que haremos durante la unidad o ese día para que los alumnos sepan de qué va la clase y a dónde vamos.



Mientras que sea posible, me gusta utilizar powerpoints (PPTs), para que todos los alumnos puedan ver lo que hacemos, pero no descarto el libro de texto, realia (traer objetos a clase), juegos o material creado por mí. Tengo que recordarme a mí misma que no todos aprendemos de la misma forma y, por eso, me gusta presentar el material visualmente, oralmente y, a poder ser, hacer que los alumnos se impliquen. Cuando enseño inglés tengo que mentalizarme de que mis estudiantes necesitan input en las cuatro destrezas (lectura, escritura, escucha y oral) y ofrecerles la posibilidad de practicarlo. Además, me gusta que tanto los alumnos como yo utilicemos el inglés en clase ya que, seguramente, sea el único lugar durante el curso donde lo puedan practicar. Siempre les dejo tiempo para que practiquen lo aprendido en clase, que los contenidos se asienten y saber yo si lo han entendido, si lo he explicado bien o si debo explicarlo de nuevo.



Me gusta que mis alumnos trabajen individualmente, en parejas o pequeños grupos dependiendo de la tarea que les mande: al principio, en parejas o pequeños grupos para que se ayuden unos a otros o cuando deben llevar a cabo un role-play e individualmente cuando quiero saber si han asimilado los conceptos.



En cuanto a la evaluación, defiendo a ultranza que debo evaluar a mis estudiantes basándome en lo trabajado en clase; es decir, no les puedo pedir que escriban una carta a un amigo contándole lo que han hecho ese verano si no hemos practicado ese apartado en clase. No sería justo. Aunque no esté de moda, sigo utilizando el examen como uno de los instrumentos para evaluar a mis estudiantes ya que la carga de contenidos muchas veces nos impide hacer un proyecto o trabajo final. Aun así,  intentando que sea lo más comunicativo posible y englobando las cuatro destrezas comunicativas. Los role-play , las actividades orales y escritas también forman parte de la evaluación. Eso sí,  no creo que sea justo dejar todo el peso de toda una evaluación en un único examen o proyecto, por lo que los voy distribuyendo durante la evaluación además de contarles también para nota los deberes, trabajo en clase y la actitud.


Where am I?



Estoy haciendo una sustitución medianamente larga en una EPA (Educación Permanente de Adultos) donde imparto clases de alfabetización (enseño a leer y a escribir y matemáticas), castellano (grado dos, no es español para extranjeros) y una optativa de grado de inglés (se desarrolla por temas, no por contenidos gramaticales). La mayoría de mis alumnos de alfabetización son personas de más de 70 años. En las otras dos clases, la mayoría es extranjera y los alumnos nacionales son jubilados. La clase más diversa es la de alfabetización, después la de castellano, y la más homogénea, la de inglés, donde los alumnos no saben prácticamente nada de dicho idioma.

Creo que este trabajo me ayudará a desarrollar la empatía (porque a veces en fácil olvidar en qué situación se encuentran los alumnos que vienen de realidades diferentes: personas de una edad avanzada o los emigrantes), a explicar las cosas de varias formas, a ser más crítica y humilde (quizás no tengan ellos el problema sino yo) y a buscar y recopilar material para mis clases.

                        

خبرات التعلم مع التلاميذ, طالبة

Las mejores y peores (aunque acabaron siendo buenas) experiencias se las debó a un instituto de Washington DC donde estuve casi tres años enseñando español como lengua extranjera. Pongámonos en contexto: mujer, blanca, de baja estatura, en un instituto donde el 99% era negro (incluidos alumnos,  docentes y personal). Aunque muchos digan que no hay racismo o que el odio o la desconfianza entre blancos y negros no exista en EEUU, no es verdad; no digo que se insulten o que estén segregados como antes, pero se puede sentir  una primera desconfianza latente, no se demuestra abiertamente, pero está presente. Unos cuantos de estos alumnos desconfiaban de mí, me veían como la típica cracker (nombre despectivo para referirse a los blancos) que no se preocuparía de ellos, ni los entendería, que venía de otro mundo y que los dejaría a mitad del primer semestre por no poder soportar la presión y el estrés. Pero, afortunadamente para ellos y sobre todo para mí, no fue así.

                Los primeros meses fueron lo más parecido al infierno: faltas de respeto (hablar cuando no deben, malas contestaciones, boicot de mis clases, cuando no era uno era el otro), intentaba hablar con ellos, con los tutores o padres y los encargados de dar disciplina (a los cuales estaré eternamente agradecida) para ver si la situación mejoraba, pero muchas veces perdía la batalla. Tenía pesadillas y no podía desconectar de mi vida profesional. Trabajaba muchas horas (además de las casi 6 horas lectivas con alumnos, debía corregir deberes todos los días-más de 100 alumnos-, llamar a los padres cuando no hacían los deberes-  una media de 40 alumnos de mis cuatro clases de español al día) y no veía los resultados. Como soy muy tozuda y me gusta enseñar, yo seguía haciendo mi trabajo: preparaba mis clases y me involucraba en el instituto (desde loar a mis alumnos, hablar con ellos, opinar en las reuniones de instituto con los alumnos, hasta decirles en lo que fallaban o en lo que no habían hecho  correctamente).

 Finalmente, algo hizo click en ellos y en mí y la relación dio un giro de 360º: empezaron a dejarme enseñar, nuestra relación era menos tensa, nos reíamos, podía dar clase. No es que todo fuera de color de rosa, pero conseguí que me escucharan, entendieran y comprendieran que yo quería lo mejor para ellos. Nunca olvidaré cuando uno de esos chavales que me hizo la vida imposible pero que conseguimos llevarnos bien, con la pierna escayolada, vino el último día de clase a desearme un buen verano: “Have a nice summer, Ms. Cano”. “You too, honeyboo”, le contesté. “Honeyboo” era como yo  llamaba a mis alumnos cariñosamente, les encantaba. ¡¡¡Cómo los echo de menos!!!

Irakasleekin izandako ikaste esperientziak

                Dos de los profesores que recuerdo con más cariño fueron Marije, mi profesora de lengua castellana en el colegio, de 3º a 5º de la antigua EGB y Jesus (no Jesús), mi profesor de la misma asignatura en 7º, 8º de E.G.B. y 1º de BUP.


                Marije fue mi tutora y la recuerdo como una persona activa, con buen humor, la cual nos hacía escribir pequeñas historias a partir de tiras cómicas de “Don Celes”. La verdad es que siempre que pienso en aquella época, me viene a la mente pasar mucho tiempo dedicando tiempo de clase a escribir y a leer.  Todavía conservo “El maestro Ciruela”, “Caramelos de Menta”, “El viaje de Doble P”, “El regreso de Doble P”, “El secreto de la arboleda” y, cómo no, “Fray Perico y su borrico”, entre otros. Creo que fue ella la que me introdujo en la lectura, me enseñó a apreciarla y a seguir leyendo fuera del aula, por mi cuenta. A Jesus le tengo un cariño especial porque enseñaba su asignatura de forma fácil, comprensible y amena. ¡Cómo podría olvidarme de “Los escarabajos mueren al amanecer”, “El zulo”, “Morirás en Chafarinas” o “Palos de ciego”! Me acuerdo de un trabajo que nos mandó para verano, no sé en qué año, sobre algunos capítulos de “El Quijote”, donde teníamos que ponernos en el lugar de algunos de los personajes y escribir el relato según su punto de vista. Me encantó. Además, durante un curso, puso en marcha un periódico, donde los alumnos escribíamos artículos, noticias, etc. durante el recreo, después de comer, y lo sacábamos cada mes, si mal no recuerdo.  Finalmente, me acuerdo que Jesus tenía una mini biblioteca en clase y nos prestaba libros para leer en casa. ¡Cómo me encantaría volverlo a ver y que me diera ideas para llevarlas a cabo en clase!           

Atuações para melhorar a minha aprendizagem como professor

a) Formação recebida
 

             Tres de las actividades que mis alumnos y yo mejor recordamos con el paso de los años están vinculadas a la música y al baile. En mi primer año en el instituto de Washington DC, les enseñé la canción “Guantanamera” y me acuerdo que les oía tararearla en los pasillos. Tradujimos la letra, vimos un vídeo de Cuba, hablamos sobre su cultura, y al final, la cantaron (he de reconocer que lo que mejor cantaban era el estribillo, pero bueno, algo es algo). Ese mismo año, les enseñé unos pasos de salsa, porque sabía que les encantaba bailar y así podrían relacionar la clase de español con lo que veían en su sociedad: la cultura latina cada vez está más presente en EEUU y en DC especialmente. Un año más tarde, uno de mis alumnos todavía me invitaba a bailar con él en el pasillo: “Ms, Cano, let’s salsa”. La tercera actividad tuvo que ver con el flamenco. Después de investigar sobre qué era el flamenco, enseñarles vídeos de hombres y mujeres bailándolo, tenían que bailarlo ellos. En una de las clases, no podíamos oír la música y les mandé que dieran palmas y corearan. A todos se les hacía corto sus dos minutos de baile, y la verdad es que lo hacían muy bien. Creo que unir sus intereses, la música y el baile fue todo un acierto y facilitó el aprendizaje.

                Un role-play que me sugirió el jefe de mi departamento y que me funcionó bien fue el de la adivina (las de la bola de cristal) y el/la cliente. Tras enseñarles el futuro y practicar con el él, debían poner en escena una conversación entre una tarotista y un/a cliente. La  adivina respondería a las preguntas del cliente (E.j.:”¿Seré rico?” “No, trabajarás mucho y no tendrás dinero”). Se divirtieron mucho y algunos incluso fueron muy creativos a la hora de elaborar las respuestas de la tarotista. El asimilar cómo hacer oraciones en futuro y el poder utilizarlo para algo gracioso o divertido les ayudó a hacer una labor estupenda.

                En cuanto a actividades que no salieron bien, me gustaría destacar algunos proyectos o “performance assessment” que se llevaban a cabo al final de la unidad: durante la misma, preparaba a los alumnos con vistas al performance assessment y les recordaba que necesitarían lo aprendido para sacar adelante el proyecto. Al principio, solamente había un proyecto final, pero luego el jefe de Departamento decidió sacar tres posibilidades (analítico, práctico o creativo) para que se adecuase a los estilos de aprendizaje de los alumnos. Creo que debí haber invertido más tiempo en prepararlos, cerciorarme de que habían interiorizado los conceptos y ofrecerles más tiempo de preparación; quise correr demasiado y esto me pasó factura. Otra actividad que falló fue la aprendida en un curso para profesores de lengua extranjera. Se trataba de hacer fichas de dominó donde en una parte estaría el vocabulario aprendido en la clase y en otra, las diferentes definiciones; cada ficha tendría una definición y una palabra que no fueran pareja entre sí. Una persona empezaba a decir su definición (Ej.: “A person who steals money from banks”) y quien tuviera la palabra debía decirlo (E.j.: “Robber”). Así hasta terminar el dominó. Pensé que habiendo hecho diferentes ejercicios con el vocabulario (y no me refiero solamente a los ejercicios del libro, sino que jugamos a dar definiciones en inglés, al tres en raya, etc.) ya serían capaces de poder unir las palabras con las definiciones. Pues no. Fue un desastre: solamente una chica fue capaz de adivinar muchas de las palabras. Quizás la actividad fuera demasiado larga o simplemente, o igual no habían asimilado el vocabulario, o incluso les pareció una actividad insulsa. O quizás fue un cúmulo de todo. Aun así, pienso volverla a poner en práctica después de cerciorarme de que han practicado en clase.
                


b) Publicações


Bajo la dirección del Departamento de Español, Italiano y Portugués de la Universidad de Pennsylvania, fui una de las creadoras y encargada de revisar materiales de enseñanza de español básico por medio de acceso a internet. Estos materiales fueron utilizados por 5000 estudiantes de PSU (Pennsylvania State University) durante el primer año, con vistas a que fueran utilizados en todo EEUU con la cuarta edición del libro de texto Mosaicos. 

Materialaj por dividi

Además del material creado y explicado en el apartado anterior, he colgado material de inglés en la página que menciono en el  apartado “Mi Bibliowebcineteca”: www.eslprintables.com , mi  nombre de usuario es“ lauracano”.


Mi Bibliowebcineteca (I)

PENNAC, D. Mal de Escuela. Barcelona, Mondadori, 2008.


Aunque no soy amiga de las citas (en el momento de leerlas me encantan pero segundos después, no atino a recordar las palabras exactas), me gustaría crear un poema de rima libre con citas del autor. Espero que despierten en el lector las ganas de dedicarse a la enseñanza o, si las ha perdido, espero que leer este poema le dé fuerza para seguir por el buen camino.

                        “Un libro sobre el dolor de no comprender y sus daños colaterales”



El miedo fue el gran tema de mi escolaridad: su cerrojo.

La soledad y la vergüenza del alumno que no comprende

perdido en un mundo donde todos los demás comprenden.

              El futuro es como un gran muro en el que se proyectan

las imágenes desmesuradamente ampliadas de un presente

sin esperanza,

¡ese es el gran miedo de las madres!

Para que el conocimiento ocurra, es necesario dejar de blandir

el pasado como una vergüenza y el porvenir como un castigo.




La escuela la hacen los profesores.

                          Un adolescente instalado en la convicción de su nulidad

es una presa.

La presencia de mis alumnos en el aula

depende estrechamente de la mía.

La respuesta errónea se diferencia de la absurda

en que ésta no obedece a ningún razonamiento,

es un acto reflejo.

Nunca es tarde para empezar de cero.

Aprendiendo de memoria no suplo nada, añado algo al todo

―¡Señor, No toquéis el hombro del jinete que pasa!

Eran mis alumnos.




No tengas miedo de su jerga.

              La jerga del pobre de hoy es el argot del pobre de ayer,

para hacer creer al rico que tiene algo que ocultar.

Son vuestras marcas las que os comen el tarro:

devoran vuestro dinero, os roban las palabras y os arrebatan el cuerpo.

Liberad las palabras hasta que los objetos hayan perdido sus marcas

para recuperar su nombre.




Existen los alumnos a los que no podrás ayudar,

pero serán la minoría.

Vergüenza para quienes convierten la juventud abandonada

en un fantasmal objeto de terror nacional.




Esos profesores estaban poseídos

por la pasión comunicativa de su materia.

Compartían con nosotros el propio deseo de saber.

Es preciso que quienes pretenden enseñar

tengan una clara visión de su escolaridad.

Los profes estiman no haber sido preparados

para encontrar en sus clases alumnos

que estiman no estar preparados para estar allí

 ¡En ambos lados, el mismo “ello”!

 ¿Y cómo remediar ese “ello”?



  Con amor.




El amor en materia de enseñanza:

sacar del coma a una sarta de golondrinas estrelladas.

Una golondrina aturdida es una golondrina que hay que reanimar; y

punto y final.